Tomó un
sorbo de la gaseosa y lo dejó estancado en su boca, sintiendo cómo de a poco se
le adormecía la lengua. Esa sensación le parecía rara, curiosa, pero molesta a
la vez; sin embargo, una vez que tragaba, le daban ganas de repetir el juego. Absorto
pensaba, aunque no sabía bien en qué. Quizás en la física de las burbujas,
sobre de las cuales algunas vez le prometieron una explicación. Quizás en la
transparencia u opacidad de los objetos. Quizás en la desgracia del ser
infinito. Quizás en los cambios, en el río de Heráclito o en las penas de
Asterión. Lo cierto es que en su cabeza las ideas hacían festín; el popurrí era
muy acentuado. De pronto se dejaba llevar por esa anestesia local que le
producían las burbujas y al parpadear se encontraba en otra locación. Era un
cuarto vacío, de paredes beige con vetas en las aristas que parecían humedad (lo
que equivalía a fuga de sensatez). Cuando digo vacío quiero decir que no había
personas, ni muebles, ni mucho menos animales. Sí había paredes internas que lo
subdividían en cuantas partes fuera necesario. Por algún carril circulaban las
dudas, por otro las certezas (esas eran muy pocas), por otro los miedos y por
otro los inclasificables, que eran mayoría. Tragó el sorbo y así terminó lo que
quedaba en el vaso. Observó sin querer que en un rincón del vidrio había una
pequeña burbujita interna. Repitió en su mente: ‘burbujita interna’. Tanto cavilar
para que al final de cuentas un insulso detalle le rotulara la cuestión. Ironías
de la vida, le deletreó su inventario encefálico. Ja. Acomodó la silla en su lugar,
lavó el vaso y salió al sol.

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martes 6 de marzo de 2012
lunes 5 de marzo de 2012
Hoy es un día
en el que me vienen a la mente todas las ironías de la vida de las cuales me
sentí víctima. Cada una de esas
bufonadas que marcaron mis días saltaron hoy de un cajón a otro de mi memoria. Haciendo
ruido, desacomodando más…haciéndose notar.
Esta tarde,
mientras trataba de concentrarme en cuestiones identitarias y otra parafernalia
pseudo intelectual, entró una ráfaga de viento imponente. Las cortinas se elevaron
con violencia y se voló el calendario que tengo pegado en la puerta del
armario. El mes de febrero aterrizó debajo de la mesa. Cuando lo noté, me sonreí,
parecía ser un aviso para que caiga en la cuenta de que un mes más se fue y que
nada más, ni nada menos, tengo que afrontar marzo. Con sus recuerdos, con sus
carencias, con sus sumas y sus restas. Con lo que hay, con lo que queda.
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jueves 1 de marzo de 2012
Ese sexto
sentido femenino, que se dice que se tiene, fue el vehículo por el cual me robó
una sonrisa. O mejor dicho, unas cuantas, porque así de pava soy. Podría desglosar
otros cuantos clichés hoy, acá. Como por ejemplo, el de que las calladitas son
las peores. O sino, que el que calla, otorga. O simplemente podría decir que
cuando las mujeres quieren chismes, tienen todos los sentidos alerta. Con gracia
me dijo que va a marcar territorio para
que no relojées más. Con gracia le dije yo que sí, que tiene razón, que hay
cruces de miradas, que parecés suricata cuando me muevo por los pasillos y que a
pesar de que no te abro más la puerta, nos cruzamos en otras habitaciones. Nos buscamos
sin decirlo, nos miramos sin hacer nada. Charlas excusas sí las hay, tanto como
cobardía acumulada. Que intuyo que me va a entregar, a la par que siento la cara caliente de vergonzosa timidez. Entonces,
cuántos encuentros “casuales” más se necesitan para que me preguntés el nombre?
lunes 20 de febrero de 2012
Me pongo a
pensar y no sé qué pasó con mi voluntad. Dónde está? Es limitada? Es decir, uno
nace dotado de cierta cantidad de voluntad (suponiendo que se la pueda
cuantificar) y si no se la sabe administrar se halla a sí mismo, en alguna
etapa de su vida, sin una gota de voluntad? Creo que supe tener demasiada
voluntad, autocontrol y perseverancia en algún momento de mi humilde existencia.
Pero cuando se me presentó la oportunidad de vacacionar lejos de ciertas
responsabilidades, me prendí de esa chance con uñas y dientes. Ley del péndulo
que dicen, ahora me veo del otro lado del espectro voluntad-novoluntad…y para
qué mentir, el balance, si es que es posible, cuesta mucho.
domingo 19 de febrero de 2012
lunes 13 de febrero de 2012
Me puse a pensar una vez más en vos, como suelo
hacerlo a diario. Y sabés qué? La verdad es que no sé si te extraño. Pero sí
extraño que alguien me sepa y aprehenda. Quizás sea por eso que me costó
tanto dejarte ir, quizás sea por eso que dejaste esa vacante y quizás sea por
eso que vive un vacío. Tengo esa nostalgia, cada tanto, de sentirme mirada en cada paso que doy, que me recuerden mis raíces cuando sea necesario o simplemente que me manden a la
mierda. Pero con certeza, si me entendés. Quizás en realidad no entendiste nunca un carajo de nada, pero lamentablemente lo que importa al final de todo es la sensación que tiene cada uno. Por eso hablo mejor de un vacío y no de vos. Un lugar, no una persona. Sensaciones, no hechos. Sí, quizás te habías metido demasiado
en mí (te dejé meter...te metí) y cuando digo demasiado, quiero decir
demasiado. Y sí, definitivamente no fue bueno para mí, ni para vos, ni para
otras personas que merodeaban por nuestras existencias (en especial por la mía).
Pero las cosas son como son y son así por algo. O así al menos uno quiere
creerlo. Quién va a juzgar, a esta altura, por una creencia humana? Cuando no somos puro aire, somos puro polvo. Pero lamentablemente somos.
jueves 9 de febrero de 2012
miércoles 18 de enero de 2012
El calor me trajo hoy mirando hacia abajo,
esquivando el sol, mirando el camino, evitando contacto visual para evitar
conversaciones indeseadas. Sólo levanto la vista y me saco los lentes cuando
piso la alfombra azul de entrada, a veces también me saco el metal de los
oídos. Pero hoy no fue el día. Levanté la vista y te volví a cruzar como tantos
mediodías atrás. Ni vos ni yo miramos, sólo te abrí la puerta. Las horas
pasaron, más lento de lo que hubiera querido, y te crucé también cuando me iba.
Me esperaste por segunda o tercera vez justo a tiempo. Tan perfectamente sutil
que ni me percaté, tan perfectamente espontaneo que me sorprendí. Finalmente nos
dignamos a sostener la mirada y me regalaste esa media sonrisa (estoy segura de
que yo automáticamente miré hacia abajo). Te abrí la puerta una vez más, y me
sonreí internamente porque comienzo a gustar de tu forzada dependencia. En este
punto me pregunto cuántas puertas más tengo que abrirte para que haya más
líneas en el diálogo, nos invitemos a compartir el almuerzo o, por qué no, me ofrezcas
alcanzarme con tu auto. Entonces me pregunto si vamos a seguir esperando que
nos presenten. Y me regocijo en saber que la diferencia es que esta vez sé tu
nombre, aunque prefiera olvidarlo, y que no soy yo la de los perfectos timings. Y vos…vos por lo pronto me seguís mirando
con picardía a través de esos lentes.
sábado 14 de enero de 2012
De (d)olores del pasado
Me había olvidado
del olor a Papá Noel, del arroz con porquerías, del ceñito fruncido y de los
pelos feos. Bueno, no es que me había olvidado, sino que estaban archivados,
ahí en el cajón hipotalámico más lejano al fácil acceso. Quizás todo retornó hoy
cuando abrí el estuche del inflador, o quizás cuando miré el chancho-vaca en
ese momento de la tarde en el cual pensé en la inflación, y en el cual, además,
recordé esa charla con mi padre sobre australes y pesos argentinos. Y dólares por
supuesto, también. Cuánto puede arder una ínfima gota de aceite caliente que
decide estacionarse en una mano. Uno piensa que casi no tiene cuerpo, que casi
no existe, pero sí, duele, arde, irrita, molesta. Veo esa manchita roja y luego
veo la milenaria cola de rata (están muy cerca). Donde habrá sido que se cortó y se resignificó?
En Cabildo? En Juramento? En Corrientes? No tengo la menor idea, pero ya estoy
mezclando historias y personajes.
lunes 9 de enero de 2012
Cuando uno camina sin cumplir una rutina, es decir,
por gusto de caminar, por necesidad de darle un respiro a la mente, y para
liberarse de la asfixia que genera el tedio, nota cosas que son invisibles al
ojo diario de la monotonía de lunes a viernes. Claro, no hay prisa por llegar a
ningún lado, ya que se camina sin rumbo, dirigiendo los pasos aleatoriamente.
Entonces mirás a tu derecha y ves una antigua puerta de madera, de ésas altas,
de ésas que te gustan. Notás que los vidrios del lugar están rotos, que está
todo oscuro y que incluso se ha juntado basura en el umbral como resultado de
los vientos. Todo da a entender que es un lugar abandonado y viniéndose abajo.
Y de pronto, al volver la mirada a esa puerta, un recuerdo viene a tu mente.
Pasás todos los días por ahí, pero la rutina anula ciertos recuerdos y por ende
se cancelan algunas posibles reflexiones. Pero ahora paseando es distinto.
Entonces pensás que ése era el lugar al que ella quería ir para aprender a
bailar tango y recordás que cada vez que pasaban por esa calle, al frente de
esa fachada, discutían por esa misma razón. Luego vienen a tu mente las veces
que te torturaba diciendo que se inscribiría y de pronto sentís un poco de
asfixia de nuevo, por ende cambiás de tema. No hay nada peor que amargarse por
uno mismo. Mirás de perfil a la catedral, que no te recuerda a nada, o quizás
sí, pero todo insignificante. Y volvés a respirar, sentís la brisa fresca en tu
cara, cruzás la calle y seleccionás adoquines por los cuales caminar a la par
que pesa en vos la soledad.
viernes 6 de enero de 2012
La rutina había sido larga y agotadora, pero
afortunada y finalmente pudo depositar su cuerpo en la cama. Era tarde ya, de
madrugada; el viento soplaba casi sin fuerzas, sólo movía un poco el calor del
ambiente, pero el ventilador hacía amena la permanencia en ese cuarto. El
silencio crepuscular no era muy interrumpido, salvo por ruidos lejanos de
tránsito. Terminó de acomodarse boca abajo y largó un suspiro, de esos que se
dan cuando finaliza el día a modo de punto final. Fue cuando intentaba poner su
mente en blanco, para entregarse al mundo de los sueños, que observó la pared
que tenía en frente. Rayas de luz que se filtraban por la persiana. La luz
provenía de hogares del exterior, eso no importaba. Pero le pareció un efecto
sensual, le daban ganas de tocarla, como si fuera algo tangible. Maravilloso.
Como pensamiento efecto le surgieron fervientes ganas de tenerla a ella en su
cama, ahí justo a su lado. Se imaginaba mirándola detenidamente, con sus verdes
ojos bien atónitamente abiertos. Esos rayos iluminarían su perfil, sus labios
carnosos, sus pechos, su vientre, sus piernas. Él seguiría con sus yemas el
camino de luz y así podría sentir a ambas.
lunes 2 de enero de 2012
La verdad es que cambié de idea
mil veces con respecto a hacer o no un balance anual de este 2011, así como
también cambié de idea varias veces con respecto a muchas cuestiones en mi
vida. Sé que éste no va a ser un balance muy honesto, no porque vaya a mentir, sino
porque sí voy a ocultar. Años anteriores presté atención a muchos detalles, a
muchos decires, a muchos silencios, en fin, a muchas cosas (o incluso podría
decirse, a cada cosa). Pero este año no, este año me dediqué a blanquear
(borrar) más aún mi mente y a enfatizar lo fugaz e intrascendente de casi
todo/s. Este año me costó mucho encontrarle sentido a las cosas. Este año me
costó mucho prestarle importancia a las cosas, a las personas, a los hechos.
El año empezó bastante bien, con
uno de los tantos viajes que hice. Empecé el 2011 con el único de los 3 viajes
a BA que tenía planeados. Fue una linda estadía, con varias caras y varias
actividades. Pero extrañé y sigo extrañando. Y las otras visitas a Capital por
una razón u otra tuvieron que ser canceladas.
Pasaron bastantes personas por mis
días durante los primeros meses, de esas personas que pasan, te dejan algún que
otro recuerdo y se van (o las vas). Sólo una persona, que se cruzó en mi vida
en un temprano 2011, se quedó, sigue en mis días y es alguien a quien aprendí a
querer bastante.
Un año que me enseñó lo que es el
miedo a la muerte. No propia, sino ajena, de esas personas que querés o aprecias
bastante. A raíz de esto, revolví el pasado sin quererlo. Shitty por un lado,
enriquecedor por otro. Supongo. Y supongo también que todo esto explicá por qué
fue un año en el que volví bastante a mi familia (con altibajos incluidos).
Salpiqué el año con varios viajes,
acá y allá. Algunos viajes fueron sola, otros con compañía. Todos fueron
bastante introspectivos y momentos amenos. Y todos fueron para escapar de algo.
Me escapo de muchas cosas últimamente.
Este año como propuesta de cambio
me llené de cosas para hacer y de paso procrastinar con las cuestiones que
realmente eran (son) prioridad. Hice cursos, talleres, asistí a seminarios y
una tonelada de giladas por el estilo. Aprendí mucho, en especial lo experta
que soy en hacerme la boluda con mis responsabilidades.
Fue un año en el que formé otra
vez un grupo de amigos, a pesar de lo muy en contra que siempre estuve de los
grupos. Grupo lindo, grupo divertido, pero grupo. Valoro más que nada la
relación individual que tengo con dos o tres de ellos.
Este año, por experiencia propia y
ajena, caí en cuenta de lo mucho que cuesta compartir, comprometerse, tomar
decisiones y planear cuando se es tan consciente del interior de uno y del
entorno. Cuando se es tan consciente del ser. El errar es humano, pero el
sufrir también.
La segunda mitad del año trajo
nuevos y viejos bajones. Valle y cresta constantes fueron mis días. Caminé la
rutina empapada en nihilismo; en falta de ganas, en relevancia y en
inconstancia. Pero sobre todo, en falta de sentido.
Hice muchos planes y me propuse
objetivos que cumplí a medias. Sí, por falta de ganas y voluntad, como todo en
mi vida. Experimenté extremos altibajos en donde los bajos terminaron ganando.
Me hundí en boludeces. Volví a las películas, a los libros…a tratar de
encontrar la dimensión paralela (la cama siempre gana). Me junté mucho, salí
bastante, traté de estar poco tiempo conmigo misma. Recién ahora volví al
encierro y a la reclusión, por hartazgo nomás.
Justo en semanas en las que las
sonrisas no sobraban y la atmósfera ya asfixiaba lo suficiente, la vida decidió
que el pasado me pasara a menos de un metro y que ni me mirara a los ojos a
pesar de haberme reconocido desde lejos. Golpe bajo que pegó más de lo que me
hubiera gustado. Y otra vez odié, y otra vez extrañé y otra vez me arrepentí y
otra vez dudé.
Y acá estoy, cagándome de calor de
nuevo en un diciembre, mes que odio. Con la intolerancia y el cansancio a flor
de piel. Con una insensibilidad que juega a superar al desgano. A veces sólo
sonrío y hablo boludeces para tener que dar menos explicaciones, pero cada vez
lo hago menos (las tres cosas incluidas).
Cierro el año sin saber lo que
quiero. O mejor dicho, sin saber qué alternativa es la mejor cuando lo que uno
quiere no se puede.
Diría que espero que el año
entrante sea mejor, pero la verdad es que no sé si me importa. Lo más probable
es que el 2012 me encuentre masticando prozac o mudándome al monte (o ambas
cosas).
-Soy un
cobarde, no puedo soportar el sufrimiento de ser feliz. Cioran-
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