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miércoles, 24 de junio de 2009

Van y vienen: todos. Hacen y deshacen. Deshacen y deshacen; pocas veces hacen. Los miro desde afuera, desde lejos, sin involucrarme…o involucrándome lo menos posible, sólo cuando es “necesario”. No entiendo por más que lo estudie. No los entiendo. No entiendo lo que me circunda. Vivir rodeados de podredumbre, corrupción, maldad, egoísmo. Los años corren y la situación es la misma, no cambia la calidad, sino la magnitud de lo siniestro que nos mantiene vivos, atraídos por lo bello que encontramos detrás de eso. Ya varios pensadores hablaron de la relación bello-siniestro y en cuanto a esto Rilke dijo alguna vez: “lo bello es el comienzo de lo terrible”.

Así vivimos todos, fascinados por lo inmundo, por lo q corroe nuestras almas pero nos satisface y regocija superficialmente. Lo banal: eso es lo que importa. Infinitud de falsos cristianos que hipócritamente se arrepienten de sus pecados, se arrodillan unos minutos en un banco de iglesia para pedir perdón por algo que harán de nuevo.

Mi desinterés por todo me desconcierta, me alarma, me desespera a veces. Caigo en inactividad de todo tipo, caigo en procrastinación…caigo en lo que en resumen es deseos de sentir cómo desaparece, uno a uno, cada átomo que conforma mi ser…y culminar en la nada misma con esperanzas de estar a salvo. Lo paradójico se halla en la dificultad de estar a salvo en la nada misma, donde nada es.

Hastío, tedio, o soberbiamente, spleen…como gusten llamarlo. Es lo que me retuerce el pecho día a día, es lo que se ve empeorado cuando comprensión ajena me falta, lo cual sucede a menudo. Es lo que me golpea cada mañana y cada noche. Ya ni las noches me resguardan de ese demonio que logró filtrarse por cada ranura que descuido; penetra mi mente, mi alma, mis sentidos.

Este vivir no es más que arena en los ojos: arde, pica, raspa, fastidia y, al igual que cuando nos frotamos los ojos con ilusión de apaciguar la molestia de esas partículas silicias, cuanto más me esmero en aliviar el dolor, más se acentúa. ¿Ignorarlo quizás? Cuesta. Cierro los ojos y el malestar sigue…nunca deja de arder. Arde por dentro y por fuera. Arde por dentro. Arena en los ojos: eso es esta vida. No la mía, no la tuya, ni la de otros: la vida.


.::”el Diablo es quien maneja los hilos que nos mueven”::.
(Baudelaire)

lunes, 22 de junio de 2009

“¿Quién no estuvo alguna vez sentado, presa de su angustia,
ante la cortina de su corazón?”
(Rilke)

Quisiera poner mi memoria en lavandina, que se lave, que se aclare, que se borre cada cosa que en ella esté codificada. Quisiera sacarte de cada espacio que ocupás en mi mente, borrarte por completo, no recordar siquiera tu nombre. Quisiera no extrañarte de esta manera, quisiera no llorar ante ciertos recuerdos (ni buenos, ni malos). ¿Cómo me conformo con lo poco que me ofrece la vida si ya supe alguna vez lo que es tenerlo todo?

¡Salí de mí, te lo ruego! ¡Salí de acá adentro!...Terminá de irte; ya te quedaste con todo de mí, ¿qué más querés? Ya no queda nada, más que mi eterna agonía. Abandoná tus torturas hacia mí, dejá de retorcerme el pecho hasta el punto de dejarme sin respiro. Te lo ruego: andate. Llevate cada uno de esos momentos que anidan en mi memoria. Hagamos de cuenta que nunca pasó nada, que nunca nos cruzó la vida; hagamos de cuenta que jamás tuve la necesidad de llorar estas lágrimas, de maldecir mi existencia, de querer olvidarte…de escribir estas líneas.

domingo, 21 de junio de 2009

Hubo una guerra en antaño, hubo una derrota. Llevó tiempo la reconstrucción de los territorios vencidos. Sólo un campo se levantó inmeditamente con fuerzas: la defensa. Muros, fuertes, trincheras, armas: una fuerte coraza. Todo triplemente reforzado para garantía de impedir ingreso foráneo. Nadie puede ingresar por más que lo intente, cada entrada al territorio está altamente protegida…porque su interior es lo frágil que flaquea.

Sabés que no soy beligerante pero te cuesta imperialmente bajar barrera; me cuesta horrores destruir tus murallas para entrar en vos.

martes, 16 de junio de 2009

En el Holocausto se aniquiló a millones personas (judíos, negros, homosexuales); la persecusión por intolerancia religiosa provocó en Inglaterra del siglo XVII que un grupo de pelegrinos se embarcara para establecerse en las costas de lo que hoy es Estados Unidos para poder practicar su fe; paradójicamente a esta comunidad puritana la atacó la paranoia y comenzaron sus miembros a acusarse unos a otros de brujería, resultando en un par de decena de personas que murieron colgadas en nombre de la ley, es decir, de la Biblia (era una teocracia); luego, la KKK ilustra la intolerancia hacia los negros y todos aquellos que los apoyaran en su causa en contra de la esclavitud y la desigualdad (eran todos linchados); años más tarde la fiebre roja nos ejemplifica el ferviente rechazo ante una ideología diferente: el modelo económico comunista, por tanto, comenzó a perseguirse a cualquiera con ideas pro-comunistas. ¿En cuántas comunidades se aniquiló a los nativos porque entorpecían el proceso civilizador? La Conquista del Desierto, sin ir más lejos…

Éstos son sólo contados ejemplos de cómo a lo largo de la historia el hombre ha sido testigo, víctima y victimario de aberrantes actos de intolerancia y persecusión de minorías. ¿Por qué será que aun en el segundo milenio el hombre no puede, por una razón u otra, sacarse el miedo a lo diferente, a lo desconocido, a lo nuevo…al otro? Pareciera que no importa cuán evolucionados nos creamos (porque no lo somos, creemos que lo somos), la idiotez de demonizar al otro va a continuar.

Supongo que resta entender el funcionamiento de las cosas a través de la interdependencia de los opuestos; retomar la teoría dicotómica Hegeliana de amo y esclavo, entre tantas otras.

No toleramos la diferencia y sin embargo vivimos en un mundo cuya heterogeneidad es evidente. Nos jactamos de un mundo de diversidad e irónicamente tendemos a nivelarnos, a homogeneizarnos.

Miles de excusas, miles de justificaciones, miles de intereses que se reducen a uno solo: la ambición económica.


.::el enemigo es aquel que tiene algo que queremos::.

domingo, 14 de junio de 2009

Viernes 4 pm deambulo por calles enmarañadas de Córdoba con un amigo, lo acompaño a ver una sesión de no-sé-qué en un lugar en el que dictan talleres de tango y otras cosas…

Media hora después mis ojos desorbitados mirando para todos lados en ese galpón semi escondido con fachada paupérrima y con pinta de bulo en disguise: Tsunami (de chanes, pensé yo con cara de wtf y omg altogether)

Olor a viejo, a borracho, a mugre. ¿Habrá ratas? Miro el suelo, pero está oscuro.

Una especie de pista al medio. Desde el techo del galpón cuelgan, en forma de decoración, trapos de colores: verde, azul, rojo, amarillo, violeta.

El tipo que limpia, lo que parece ser una barra, le dice a mi amigo: él es el profesor; mientras yo me pregunto por qué hay constante ruido de agua corriendo…y pensar que hay países en los que carecen de agua potable y nosotros no sólo que la utilizamos hasta para lavarnos el culo, sino que encima, la desperdiciamos.

Pro-fe-sor. Y yo me pongo a pensar cuán bastardeadas están las palabras, qué devaluación de la lengua, de las profesiones, de los títulos, de la decencia!

Pantalón deportivo de color dudoso, remera manga largas/camiseta/something of the sort de un bordeaux sometido a horas interminables de sol, marcas de transpiración en las axilas, descalzo y collarcito de artesano. Me recuerda a Charles Manson, es igual…el pelo roñoso, la cara, la barba y las patillas setentosas, el alma hippie y de líder que no dice nada productivo pero que tiene seguidores.

Siete individuos más en la pseudopista practicando técnicas de...baile?...de teatro? Whatever…cualquiera pensaría que están sufriendo un ataque de epilepsia. Alarmadamente me pregunto cuánto pagarán por esto.

Para empeorar las cosas, una de las símil epilépticas es ex compañera mía del secundario. Por suerte no se dio cuenta de que era yo o nos hicimos las boludas las dos. Recuerdos de la materia Expresión Corporal del secundario (otro día cuento cómo padecí esa materia, dios!) vinieron a mi mente: qué horror! Definitivamente, una de las mejores cosas que me pasó en la vida fue haber terminado el secundario.

No hay duda alguna, el mejor apodo que me pudieron haber puesto es ése: Daria.

jueves, 11 de junio de 2009

Me acuesto y me tapo. Doy vueltas, me acomodo y reacomodo. No puedo dormirme; comienzo a repasar mentalmente lo hecho en la jornada mientras miro el techo a oscuras, como si ahí fuese a encontrar las soluciones a los problemas que me aquejan. Giro levemente mi cabeza para ver el reloj: 2.35am. Ya va a pasar, sólo diez minutos más. No puedo conciliar el sueño. No sé qué me pasa, no sé por qué si estoy tan cansada no puedo irme un rato de esta realidad. Hay tantas cosas que no entiendo últimamente. 2.45…ahí está, ahí se sintió tal cual lo anuncié. Todos los días a la misma hora de la madrugada mi ropero cruje.

Cuando noté el patrón por primera vez, me asusté. Ahora ya me acostumbré y no sólo que me es un misterio, sino que fantaseo con ello. ¿Será un quejido? ¿Me estará queriendo decir algo? No sé por qué lo interpreto como un intento de comunicación, lástima que todavía no logro decodificar el mensaje…y dudo que alguna vez lo haga, sólo quedan conjeturas.

Por ahí tengo ideas locamente fantásticas y deliro con que es la madera que antes fue ser que intenta decir algo; me hace sentir algo de lástima y culpa…y me pregunto si hay espíritus de naturaleza vegetal. Yo creo que sí, son seres vivos después de todo, ¿no? Entonces imagino que es el espíritu de algún viejo árbol que hoy no es más que ropero y que sus insistentes quejas están prolijamente ubicadas en el tiempo.

Me pregunto si algún día sabré más de esa madera, de ese cadaver de árbol que fue brutalmente asesinado y moldeado en nombre de la tecnología y en pos de la comodidad humana. Sí, esos crujidos deben de ser tristes lamentos de un inquieto espíritu vegetal en pena.

viernes, 5 de junio de 2009

Hay días en los que tengo más sensibilidad que en otros. O quizás se trate de una sensibilidad de diferente naturaleza. Esos días percibo cosas que días corrientes no existen ante mis sentidos. Por lo general sucede en momentos de profundo cansancio tanto físico como mental. Es en ese estado de hipersensibilidad que cuando me acuesto, y cierro los ojos, escucho voces: frases, fragmento de enunciados, palabras sueltas…como quien va por la calle recolectando lo que oye de la gente al pasar. Voces masculinas, voces femeninas, voces maduras, voces aniñadas, voces graves, voces agudas. No, no son recuerdo de cosas que oí durante el día, porque hay días en los que me encierro sin contacto humano alguno. ¿Locura? Quizás. Aunque admito que prefiero la versión de que en ciertos tiempos se me permite avistar una dimensión lejana e inaccesible para otros, un fenómeno más supernatural que terrenal.

jueves, 4 de junio de 2009

Estos días han sido raros, ni yo comprendo algunos porqués de mi actuar. Aquellos que me conocen saben bien que no puedo prescindir del reloj, al cual llevo incluso a la cama. Siempre me volvió loca no saber qué hora era o cuánto faltaba para tal cosa. Sin embargo, hace unos días me saqué el reloj pulsera…y lo disfruté como quien disfruta de la libertad de andar desnudo. Sentí recobrar, aunque sea parcialmente, la inocencia infantil, esa despreocupación por los pesos de lo cotidiano.

Como siempre, trato de racionalizarlo, pasarlo a niveles cognitivos.

Estoy en cierta forma “atrapada en el tiempo”..y no me molesta, de hecho, me hace sentir bien, vengo evitando tener que volver al hábito de tener conciencia del paso del tiempo. ¡Ahí está! Creo que por ahí está el por qué de esto. ¿Es una manera de ignorar el presente? Quizás. Quizás también el pasado y el futuro. O quizás, al revés, simplemente ignorar el paso del tiempo, ese proceso dinámico que, paradójicamente, se revela tan pasivamente a veces…quizás ésa es manera de prestar más atención al presente.

Quizás quiero evitar signos temporales...que los límites entre ayer, hoy y mañana sean más borrosos, imperceptibles. Es un intento de perderme en el tiempo: uno se pierde en lo que desconoce. Creo que también indica mi resignación al querer controlar todo. Vengo aprendiendo que tengo menos cosas bajo control de las que pensaba; triste pero cierto.

El haberme desligado de un constante indicador del tiempo también simboliza mi naturaleza procrastinadora. Tengo que admitirlo: pateo responsabilidades. La ignorancia del paso del tiempo aminora la presión impuesta por vencimiento de plazos. Vivo en vísperas de muchos vencimientos que me agobian…creo que también esquivo amargarme por eso.

La suma de todo da como resultado mi deseo de abstraerme de la realidad, del mundo circundante. En cierta forma creé mi propia burbuja anacrónica en donde pretendo estar a salvo.

Necesito volver a mi reloj, esto no está funcionando. Tengo que volver al mundo, enfrentar mi realidad y dejar de posponer obligaciones. Tengo que recuperar mi vida para seguir construyéndola…