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sábado, 19 de diciembre de 2009

Planear tu vida junto a una persona, vivir para y por eso. Levantarte un día y descubrir que tus sueños se evaporaron. Hacer esfuerzo para entender cómo de la noche a la mañana cambiaron las cosas y ese conjunto de detalles que permeaban tus días se escurren ágilmente como gotas de agua sobre las plumas de un ave. Sentir cómo se escapa entre tus dedos eso que tanto querías y que tanto te costó alcanzar. Y sin embargo vos no sos impermeable al dolor.

Idealizar. Ver impotentemente desde afuera cómo se derrumban una a una las piezas de eso que llevo años construir.

Aferrarse a la idea que uno tuvo de algo que tan feliz lo hizo en algún momento.

Revolcarte en la miseria de haberlo perdido. Tratar en vano una y otra vez de recuperarlo. Ver un día el calendario y darte cuenta de cómo pasaron los días y, sin embargo, vos seguís en el mismo lugar estancado…viviendo en el pasado, tratando de alimentarte con recuerdos que sólo te producen indigestión.

Resignarte una mañana y proponerte seguir adelante, tratar de ponerte al día con la línea del tiempo que avanzó sin vos. Trastabillar de vez en cuando y retroceder algunos casilleros. Y zigzaguear.

Cuesta. Cuesta filtrar toda esa masa de recuerdos para sólo quedarnos con lo bueno. Dejar esas impurezas de lado cuesta. De pronto muchas veces sentimos que lo tóxico sigue en el ambiente, persiguiéndonos, abrumándonos. O quizás nosotros mismos lo buscamos sin querer, queriendo. Y sin querer queriendo también contaminamos a otros que se nos cruzaron en ese camino rocoso.

Tirarte en la cama con la mirada perdida, tratando de visualizar toda la situación desde la mirada externa de un doble tuyo. Sentir tu cuerpo inerte, sin fuerzas, ajeno…sin vida. Notar una falta de correspondencia entre las órdenes mentales y los movimientos físicos. Desear el fin del mundo cuando sentís ese nudo que arde en la garganta y ese dolor interno que te retuerce y, llegado un momento, ni lágrimas te saca…porque ni fuerzas para eso te quedaron.

El tiempo sigue pasando, sabido es que nunca para…y cada tanto algún hecho desencadenante de sentimientos en vos te recuerda que el paso que pensaste haber dado no fue más que un paso en falso. Falsa alarma: retrocede casilleros.

La vida es un proyecto. Un proyecto que uno va planeando, poniendo a prueba, comprobando y refutando. Y como todo proyecto, está lleno de fases, de avances y retrocesos.

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Quisiera decir (y de hecho a menudo lo digo) que hay cosas que no entiendo. Pero la realidad es otra, las entiendo demasiado y eso es lo que más asusta.

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