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lunes, 4 de enero de 2010

Ella, ella, ella. Ciudad inundándose. Noche del 31, 23 horas, pieza a oscuras. La lluvia castiga las tejas y el ruido me martilla la cabeza. Hace frío y estoy tapada, luego de gastar el dedo haciendo zapping en el televisor de la cocina. Mi viejo en la cama viendo tv, mi hermano que me ganó la pc. Se escuchan desde el living de abajo las voces de mis abuelas, de mi vieja y de mi tía. Debates sobre las vidas de Sofovich y Rial. Y yo que creía que sería tan malo como otros años. Wishful thinking. Qué bajo que cayeron los temas a discusión en mi familia. Acomodo la colcha mientras me siento Gregorio Samsa. Imagino que por la puerta me atacan con manzanazos a mansalva. Ni eso. Pero algo de gregoriano en mí hay.


Los minutos no pasan, de las horas ni hablar. Ella, ella, ella. Me quedo ahí 45 minutos pensando en no pensar. Tarea metacognitiva que resulta bastante complicada. Mi mente esquiva pensamientos, reemplaza unos con otros. Inevitablemente aparecen los más invasivos, los que menos quiero sostener en el pensamiento vivo. Pero ahí están, por más que los deje ser durante unos pocos minutos, alcanza para que sienta humedad filtrarse entre mis pestañas. Contengo caudal, cada vez me resulta más difícil justificarlo.


23.50, finalmente. Junto fuerzas y bajo. Brindis…la gente salió a la puerta a ver fuegos artificiales entre garúa. Mientras recobraba la pc me escabullí al patio a ver sola los fuegos. Todavía no sé bien por qué es algo que me hace llorar. Quizás porque es una forma concreta de ver cómo finaliza un ciclo más que me lastimó y del cual siento que no me quedó nada muy bueno. Las molestias existenciales más grandes siguen casi intactas. Quizás también porque el hecho de estar ahí sola mirando el cielo gris mientras las luces iluminan las gotas de lluvia que caen sobre mi cara y que yo, con las manos en los bolsillos ni me gasto en atajarlas, significa el fracaso de mis deseos. Una lágrima por cada juego de luz, por cada explosión, por cada color. La angustia en mi garganta se intensifica por mis fuerzas ejercidas para contenerme. Ella, ella, ella. No puedo ni quiero justificarlo. No puedo ni quiero dar explicaciones. No puedo ni quiero exponerme.


0:45, cada chancho a su rancho. Las gotas de lluvia que siguen cayendo esporádicamente. Y ella que sigue cayendo en mis pensamientos de manera cada vez más tupida. Llora el cielo y lloro yo. Y a mí no que me queda otra más que venir a hacer catarsis a Word y rogar que mi celular suene, heraldo de algún plan.


Último arrepentimiento del año. Pienso en que no estaba muy errada cuando decía que la iba a pasar mejor en Córdoba. Pienso en que tampoco era ésa la forma en que quería pasarlo. Lo que yo quiero nunca se puede ¿Qué importa si yo ahora quería estar con ella? Una vez más, mis formas resultaron imposibles. Que alguien me preste ideas más rentables, I quit.

3 comentarios:

  1. No podes darte por vencida. Mi año nuevo tampoco fue divertido, y también lloré. Pero tenemos que seguir intentándolo...

    El próximo nos vamos de joda juntas. Al menos vamos a terminar riéndonos =)

    Besos

    Pazchi

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  2. si si! el año que viene todas de caravana torteril!! Me prendo eh...

    Y el año que viene, les cuento como empecé yo el año , jajaj.. a que les gano... ;) Mientras, que sea secreto de Estado... estado de pelotuda. Ja!

    2010 es un número lindo, no te parece Lau? Vas a ver que va a estar ok. Besos!

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  3. pazchi...si, nena...
    nos vamos de joda..nunca nadie se me prende ¬¬

    manatee...me encanto eso de estado de pelotuda jaja...ahora conta!!

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