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sábado, 2 de enero de 2010


Luego de tanto ir y venir en el oscuro de mi casa, abandoné mi titubear y cambié mi pijama por ropa de fiesta. Bajé en silencio las escaleras, pensé por cinco minutos el código de la alarma doméstica y cuidadosamente salí a la madrugada de la pequeña ciudad. Estaba oscuro, frío y comenzaba a lloviznar. Él estaba parado en la esquina, tal como habíamos convenido. Me saludó rápido con un beso medio tímido, le rocé la mano invitándolo a que me la tomara, pero fue sólo después de caminar un par de cuadras juntos, que se animó. Olía a pino y me recordaba a las aulas del colegio recién limpias un lunes por la mañana. Habían pasado unos varios cuartos de horas y nuestros atuendos ya comenzaban a humedecerse; se decidió por fin a hacer una propuesta. Pretendí pensarla, aunque ya tenía analizadas las posibles combinaciones de alternancia dialéctica con él desde hacía semanas. Iba a ser raro. Todo tan planeado. Pero era así o no era. Él era consciente de mi perfil tan obsesivo. Que esto acá, que eso allá, que bien prolijo, que sin arrugas, que a las en punto, que simétrico. ¿Para qué negarlo? Me tenía paciencia. Siguió moviéndose un poco la aguja grande del reloj…llegamos a destino. De afuera lucía sombrío, pero quería creer que el interior era más cálido. Sino no sería. Llegamos y mañosamente se desnudó.

O quizás sólo se apoyó en la ventana a ver cómo amanecía. La verdad es que el sol a esa hora comenzaba a brillar asomándose de a poco por arriba del horizonte. Si lo mirabas fijo por minutos podías notar cómo ascendía y progresivamente sentir los rayos quemándote las pupilas. Pasó una bandada. No, mentira, pasaron sólo 2 pájaros mañaneros.

No, eso también es mentira. No pasó ningún ave, aunque me habría gustado que pasasen. Estaba tan sola apoyada en la ventana de mi habitación imaginando posibles encuentros furtivos, que la presencia de animales lejanos habría sido bienvenida. Claro, no llovía tampoco, pero podría haberlo hecho; los días grises tienen ese noséqué que me apasiona.

A decir verdad, habría dado lo que fuese por ver el amanecer, porque carece de verdad que estuviese contemplándolo. Desde esa celda nada luminoso era posible. Mis manos se agarraban de los barrotes mientras mi rostro, entremedio de ellos, pendía más de mi imaginación que de cualquier sostén físico.

2 comentarios:

  1. Que buen escrito..me encantó.


    Besos Lau! q tengas un hermoso comienzo de año...y q no decaiga con el correr de las semanas.

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  2. Que lindo escribis..me da un poco de tristeza este escrito... Pero es lindo...me da tambien como una sensacion de calma...

    un beso

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