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sábado, 20 de noviembre de 2010

Jeans negros, botas, remera gris apretada al cuerpo en la medida justa y lentes de sol. Con tu baja estatura esperabas que el colectivo frenara. Ésa era la parada anterior a la mía. Te observé fijamente y tuve el pálpito de que íbamos al mismo lugar. No te había visto antes en el colectivo, pero simplemente lo supe.

El cincuenta por ciento de la gente que viaja en ese colectivo a esa hora es siempre la misma: el chico gay que sale del gym, el chico del arito que se va a la fábrica, la señora del servicio de limpieza, la chica de rulitos que estudia hotelería, la rubia cheta que estudia RH, la nena de la mochila de Kittie que vuelve del colegio…y hoy, vos.

Reprimí el impulso de decirte: “deberías bajarte en la otra parada, si vas a ciudad empresarial, te queda más cerca”. Pero en un segundo me imaginé la situación, tu cara de WTF y tu posible respuesta: “y a vos qué carajo te importa dónde me bajo, boluda!”. No era muy feliz la interacción, así que me limité a seguirte con la mirada hasta que el bondi frenó en mi parada. Me bajé y caminé con toda la pasta del mundo hasta la entrada de la oficina, para dar tiempo a que llegaras. Mi sonrisa de satisfacción de haber estado en lo cierto me encantó. Entraste, te sacaste los lentes y preguntaste algo con tu hermosa cara de orto. Con una nueva sonrisa comprobé que efectivamente eras nueva, ya que no tenías tarjeta de acceso y el guardia te abrió. Desde ese día te cruzo constantemente en la cocina o en el baño. No puedo evitar bajar la mirada cada vez que me mirás a los ojos con tu alevosa cara de mala onda.

Hace un par de días soñé con vos. En mis delirios oníricos te llamabas Dani. Obviamente me puse en campaña de averiguar tu nombre y obviamente lo voy a lograr.


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Ok, eso lo escribí el jueves de la semana pasada, jamás lo subí por cuestiones pajísticas que sabrán entender. Ayer te crucé en la cocina repetidas veces hasta que me cansé de ser tan boluda y mientras echabas leche a tu café, y mientras yo llenaba mi botellita de agua, señalé una sala a mi izquierda y te lancé un:

-Disculpame..están en capacitación en esa sala?
-Me sonreíste y me respondiste -Sí..capacitación de Java..
-Aah…son de programación uds. Sos parte de la gente nueva que está entrando, no?
-Sí..hace dos semanas..

Y bueno, charla va, charla viene, terminamos hablando de ropa y de piercings. Pero como todo tiene un fin, llegó mi jefa y se me cortó el mambo. Me despedí simpáticamente y apenas me di vuelta, me di cuenta de que todavía no sabía tu nombre. Primero me quise matar (evidentemente, más boluda imposible). Pero después caí en que había que transformar esa estupidez en algo positivo. Así que ahora tengo la excusa perfecta para volver a hablarte. “Che, al final charlamos de todo y no te pregunté el nombre, cómo te llamás?”. Espero que sea pronto porque sino me va a costar llamarte de otra manera que no sea Dani jaja

 

4 comentarios:

  1. Cómo chamuyás eh! Sos genia, jaja. No tengo duda de que vas lograr averiguar su verdadero nombre y sabe más de ella. Quién sabeeee!!!

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  2. son pocas las veces que chamuyo, creeme..jaja
    el martes se viene la segunda parte de la historia, veremos que pasa jaja

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  3. Dani es nombre de torta jejejejej

    y bueno, si me gustan los chonguitos un poco floggerrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr
    ^^ no lo puedo evitar jajaja

    hablamos cuando quieras!
    beso

    Pazchi

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  4. con la parte de chonguito todo bien, pero flogger????
    cmon!!!!! q no se me caiga una idola!


    besoteee

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