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jueves, 24 de febrero de 2011

A ver, mamu...

Luego de ires y venires, mi mente gambeteó al dilema y la decisión correcta fue tomada. Claro que no quita que el sabor amargo de no satisfacer las ansias quede. Quede en la garganta, en el pecho, en el estómago (en el ser). La ausencia del abrazo deseado casi tan intensa como la presencia del vacío que oprime mis sienes. Y la duda como eco queda de si habría ella aceptado un nuevo encuentro. Pero eso ya pasó. Allá queda y allí terminó.

Y acá comienza una vez más la rutina. Acá, en este otro mundo, esos días untados con gris, con nostalgia, con ganas de algo distinto. Ganas de libertad, de volver a esos momentos fantásticos...con el peso de toda la semántica de esa palabra. Retornar al trabajo nuevamente, ocupar la mente con lo que se supone que es realmente importante, pero que en el fondo sabemos que no lo es (o al menos lo dudamos). Y se abre la discusión sobre qué es lo verdaderamente relevante. Cuestiones sentimentales y anímicas vs la seriedad de las obligaciones del ser social.

Me aburrí.

Atrás quedan los días de paseo, de diagonales, de planos urbanos que se asemejan a los viejos ta-te-tis que dibujaba a mano en alguna hoja vieja cuando el aburrimiento me atrapaba en aquellas etapas de infancia (esas siestas interminables). Atrás queda la tarde de zapatillas llena de polvo tras cruzar el tan-llamado 'bosquecito'. Esa expedición al museo que resultó una sumergida en los inicios de los 90s. Tardes de calor, de sol, de humedad que se impregna en la piel y te deja con sensación de ahogo por unos minutos. Minutos en los que una ducha es lo más preciado del mundo. Atrás quedan esas noches de cerveza con amigos que uno recién conoce, por así decirlo. Fotos improvisadas quedarán siempre como prueba irrefutable de ambas cosas: belleza femenina y  caradurez del chongo. Atrás queda esa extraña noche llena de música fuerte, gente conocida, alcoholes varios, recuerdos y besos. Ahí bajo la lluvia se habrán diluido algunas broncas encontradas en coordenadas porteñas, contrarrestadas también con tendidas risas que otros contextos con orígenes griegos engendraron.

Esto claramente no es soplar y hacer botella. No. Tampoco lo es cruzar el río hasta esa pequeña tierra del Oriente. Quizás la próxima vez los días sean más largos y los deseos dejen de ser deseos.

Días hermosos, vuelvan a mí!
(cuando 'días' y 'mujeres' son sinónimos)


4 comentarios:

  1. ahora que se quien esta detras de esas letras, te leo distinto..y entiendo mucho mejor todo!jajajaaj

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  2. ahora te doy menos miedo??
    (o mas? jaja)

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  3. esa esquina la conozco, je. Por acá los días también van volviendo, y sería justamente al revés, yéndome, como se irían. Te cuento entonces, para participarte de esta parte del mundo: el chico que vive en el departamento del frente estudia, está sentado y estudia. De repente se levanta y parece que busca algo ¿Qué busca?, ¿Por qué sacude la almohada?, intenta matar una mosca? parece enojado. Se sienta, estudia.
    episodios así, de terraza a las 8 de la noche.
    un abrazo.

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  4. Caro:

    deja de chusmear a tus vecinos jaja
    anda a saber que busca. quizas se le perdio un chicle que compro en algun quiosco luego de sus ejercicios diarios..

    menos mal que reconoces esa esquina. sino pensaria seriamente en regalarte un GPS..
    aunque seguro para ir a la verduleria no lo necesitas..

    abrazo.

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