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martes, 26 de abril de 2011

En sus ojos tristes podía leer que compartían penas; que las unía una ausencia. A veces la relación que tenían la asustaba. Era tan parecida a ella…al nombre prohibido. En cuanto pensaba en las similitudes, el corazón se le agitaba, no justamente como buen presagio. Ese domingo pasaron muchas horas juntas tratando de matar el tiempo, evadiendo la soledad de sus hogares, tapando las faltas en sus vidas. No entendía y le daba miedo. Caía en silencios largos pensando porqués. Le miraba las manos, el perfil, la mirada perdida, el cuello, los labios. La miraba, pensaba, la miraba, pensaba. La invadían impetuosas ganas de besarla. Un par de veces reprimió comentarios. Sabía que de soltarlos, marcarían un antes y un después. Al final de la jornada, parada en el umbral de su casa, despidiéndola, de pronto le vino un recuerdo y se vio una vez más dentro de ese ascensor haciendo una pregunta prohibida. De ocurrir sería tan parecido, que de sólo pensarlo el pánico la sacudía. Optó por quedarse con la duda ¿Se habría quedado a dormir si se lo pedía?

jueves, 14 de abril de 2011

Cuidadosamente, pero casi sin pensarlo, abrió el tercer cajón de esa cómoda de algarrobo. Se sentó en la cama que tenía detrás, apoyó los brazos sobre las piernas y meticulosamente imaginó cómo combinar algo de todo lo que tenía allí adentro (estas cuestiones lo hacían cada tanto dudar de su sexualidad, pero esa bola en el pecho le refutaban con firmeza sus delirios). Nada lo satisfacía del todo, como era frecuente. Luego de un profundo suspiro, que con claridad manifestaba su frustración, manoteó la primera chomba que había en ese cajón. Con movimientos precisos, pero apurados, abrió el ropero a su derecha y sacó el jean que más le gustaba.

Mientras se vestía, sin saber por qué, recordaba la lista que había hecho en un archivo de bloc de notas en el que se leían las futuras compras que debía realizar. Si había algo que lo caracterizaba, era la pésima memoria heredada de su madre, quien olvidó buscarlo del colegio a la salida de la primera clase a la que asistió. Cualquiera pensaría que esa experiencia lo marcaría de por vida, o quizás esa mujer que lo engendró. Pero no, no fue casualmente esa mujer la que le dejó huellas en su ser.

Una de las cosas que había programado comprar era un reloj pulsera. No es que no tuviera uno, sino que había firmemente decidido cambiar el suyo. Siete años habían sido suficientes, era hora ya de cambiar de tiempos.

Una vez alistado, guardó la billetera en su bolsillo trasero y tras cerrar la puerta de su casa, miró al cielo estrellado y se dijo ‘es hora’.

viernes, 8 de abril de 2011

¿Quién puede ser si no es deviniendo?

lunes, 4 de abril de 2011

Adoro llevar las situaciones hasta el ridículo con tal de ver cómo se las ingenian los contrincantes para esculpir un argumento que defienda la idea que pretenden enarbolar. O bien, ver hasta dónde les dura la paciencia y se dan cuenta de que les estoy tomando el pelo.

[I’m sorry I didn’t pick up the phone, I was fucking busy…or the other way round.]

sábado, 2 de abril de 2011

No tengo límites, lo cual me complica la vida dado que el espacio-tiempo en el que existo requiere finitud.