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miércoles, 31 de agosto de 2011

A veces uno está bien, otras veces está mal y otras, simplemente no está. La mente se va de vacaciones a dimensiones inhóspitas y se vive como por inercia, moviéndose por la vida cual pasajero de cinta transportadora.

La vida es como el teatro (del tipo absurdo, por lo general) y aunque se supone que deberíamos ser los actores protagonistas, muchas veces pasamos para el otro lado y nos dedicamos a calentar butacas, porque tampoco es que estamos plácidamente disfrutando de la obra.

Quiero pororó y un buen vaso de coca.
Ci vediamo.

sábado, 27 de agosto de 2011

La mente funciona de maneras tan asombrosas como infinitamente inteligibles. A veces la percibo como una cadena de recuerdos, todos relacionados, superpuestos y a merced de un mecanismo acción-reacción. A algunos también los imagino como recuerdos nodriza alrededor de los cuales giran pensamientos menores, en conjunto conformarían un todo semántico.

Uno de los tantos momentos en los que te vas de la realidad mientras jugás con tu pelo. Cuando querés ver algo se mueve y hace ruido en esa nada en la que intentás acogerte. Hacés foco y te sonreís. Sin querer encontraste un gorgojo en el triángulo blanco. Y obvio, te acordás de ella. Y te quedás ahí, mirándolo, hasta que desaparece entre el maíz.

Todo me lleva a pensar en las casualidades…o mejor dicho en las ironías de la vida. Esas situaciones, hechos, particularidades que te dan a pensar que el universo se complota para hacerte rabiar. Aunque muchos no te entiendan porque perciben las cosas desde otra perspectiva, pero para vos es como ser penca y que te echen sal.

Siempre me gustó mucho el nombre Paula, sin razón aparente. En algún momento lo adopté como pseudónimo y siempre quise tener una novia que se llamara así. De más está decir que nunca estuve con una Paula, pero como para complementar esa carencia, no una, sino mis dos exes luego de estar conmigo entablaron larga relación con una Paula. No con la misma, claro. Una boludez pensarán ustedes, pero para mí fue como si me escupieran la cara.

Ni hablar de la presencia de 26s en mi vida. Van a pensar que soy un Carrey cualquiera, pero es increíble la manera en la que ese numerito se ha encargado de permear mi vida con hechos inolvidables. Y no por inolvidables, amenos. Todo lo contrario. Siempre que hay algo que me va a marcar la vida con un antes y un después, pasa un 26. Desde que tengo 5 años que los 26 dejan huellas en mi memoria. Ni les cuento todo lo que me pasó este año, y pensar que todavía me quedan unos cuantos meses teniendo 26. Alabados sean los martes 13.

lunes, 22 de agosto de 2011


Viste cuando te hacés la “guacha pistola” diciendo “naaah, a mí no me va a pasar/no voy a repetir el error/está todo bajo control” y de pronto te encontrás sumida en desesperación total dándote cuenta de que se te fue todo de las manos? Cada latido de tu corazón retumba en todo tu cuerpo y tu mente parece un pinball, yendo de acá para allá tratando de buscar alguna solución al problema, como si existiera alguna escondida en algún recoveco de la cabeza. Y ahí estás, como sonsa, parada en la cocina de tu casa, jugando con tu pelo, mientras mirás al vacío y te imaginás soluciones totalmente extremistas, ridículas  y poco rentables. Luego bajás de tu nube de pedo, miras la realidad circundante con un cacho más de consciencia, revolvés el mate cocido y te limitás a decir “fuck!”. En total resignación, obvio. Alpiste, Laura.

miércoles, 17 de agosto de 2011

A veces me pregunto qué estoy haciendo; otras, me cuestiono qué me privo de hacer. Que la vida tiene muchas vueltas es un hecho; que nosotros damos muchas vueltas en la vida es otra gran verdad.
A veces sólo hay que pensar qué es lo peor que puede pasar en caso de actuar de tal manea. Tan grave es? Vale la pena el riesgo? Qué es lo mejor que puede traer aparejado? Nos haría feliz?
A veces sólo quisiera sentarme en una verja a ver el mundo pasar mientras como mandarinas y pateo las pepitas al escupirlas. Pero la verdad de la milanesa de soja es que no queda otra más que arremangarse, respirar profundo y hacerse cargo de lo que toca.
Todo es cuestión de elección y todo existe en oposición a otra cosa. Si no sos, no soy. Ni somos. Let us just be.

martes, 9 de agosto de 2011

Hablo de una traición, hablo de un místico embaucar, de la pasión de la irrealidad y de la realidad de las cartas mortuorias, de los cuerpos en sudarios y de los retratos nupciales.

Nada prueba que no clavó agujas en mi imagen, hasta resulta extraño que yo no le haya enviado mi fotografía acompañada de agujas y de un manual de instrucciones. ¿Cómo empezó esta historia? Es lo que quiero indagar pero con voz solamente mía y eliminando todo designio poético. No poesía sino policía.

Como una madre que no quiere dejar irse de si a su niño que ya está nacido, así su absorción silenciosa. Yo me arrojo en su silencio; yo, ebria de presentimientos mágicos acerca de una unión con el silencio.

Recuerdo. Una noche de gritos. Yo subía y no tenía posibilidad de arrepentirme, subía cada vez más alto sin saber si llegaría a un encuentro de fusión o si me quedaría toda la vida con la cabeza clavada en un poste. Era como tragar olas de silencio, mis labios se movían como debajo del agua, me ahogaba, era como si estuviera tragando silencio. En mí éramos yo y el silencio. Esa noche me arrojé desde la torre más alta. Y cuando estuvimos en lo alto de la ola, supe que eso era lo mío, y aun lo que he buscado en los poemas, en los cuadros, en la música, era un ser llevado a lo alto de la ola. No se cómo me abandoné, pero era como un poema genial: no podía no ser escrito. ¿Y por qué no me quedé allí y no morir? Era el sueño de la más alta muerte, el sueño de morir haciendo el poema en un espacio ceremonial donde palabras como amor, poesía y libertad eran actos en cuerpo vivo. A esto pretende su silencio.

Crea un silencio en el que yo reconozca mi lugar de reposo cuando la prueba de fuego de su afección tuvo que haber sido mantenerme lejos del silencio, tuvo que haber sido vedarme el acceso a esa zona de silencio exterminador.

Comprendo, de nada sirve comprender, a nadie nunca le ha servido comprender, y sé que ahora necesito remontarme a la raíz de esa fascinación silenciosa, de esta oquedad que se abre para que yo entre, yo el holocausto, yo la víctima propiciatoria. Su persona es menos que un fantasma, que un nombre, que vacío. Alguien me bebe desde la otra orilla, alguien me succiona, me abandona exangüe. Estoy muriendo porque alguien ha creado un silencio para mí.

Fue un trabajo magistral, una infiltración retórica, una lenta invasión (tribu de palabras puras, hordas de discursos alados). Voy a intentar desenlazarme, pero no en silencio, pues el silencio es el lugar peligroso. Tengo que escribir mucho, que plasmar expresiones para que poco a poco se calle su silencio y entonces se borre su persona que no quiero amar, ni siquiera se trata de amor sino de fascinación imponderable y en consecuencia indecible (acercarme a la dura, a la blanda niebla de su persona lejana, pero hunde el cuchillo, desgarra, y un espacio circular hecho del silencio de tu poema, el poema que escribirás después, en el lugar de la masacre). No es más que un silencio, pero esta necesidad de enemigos reales y de amores mentales, ¿cómo la comprendió desde mis cartas? Un juego magistral.

[...]

No obstante, si no existiera esta correspondencia vampírica, me moriría de falta de una correspondencia así. Alguien que amé en otra vida, en ninguna vida, en todas las vidas. Alguien a quien amar desde mi lugar de reminiscencias, a quien ofrendarme, a quien sacrificarme como si con ello cumpliera una justa devolución o restableciera el equilibrio cósmico.

[...]

Alejandra Pizarnik, 1966.

lunes, 1 de agosto de 2011

Cara o seca?
La moneda está en tu palma.