Sentada en la verjita, con la cabeza apoyada en sus rodillas, lo miraba trabajar. Observaba sus brazos que asomaban de la camisa arremangada. Observaba sus manos. Le gustaban mucho sus manos; grandes, pesadas, venosas. Las protuberantes venas le recordaban a veces a las nervaduras de las hojitas. Otras veces a las raíces del ombú al cual se trepaba seguido cuando huía de alguna tarea doméstica que se le había asignado. Miraba cómo se le marcaban los músculos con cada movimiento que hacía. Miraba su cabello al viento y la frente llena de sudor, pero su mirada siempre retornaba a sus manos. Deseaba tocarlas, sentir el peso de ellas en su cuerpo, sentirse levantada por su fuerza. Deseaba..
Sunday Secrets
Hace 12 horas



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