Atábase su moderno
pantalón con tiras, moderno y no por eso menos complicado (o justamente por eso
lo era?), esperando que nadie entrara al baño. Idiota de su parte, tratándose de
un lugar público. Bueno, no público, en realidad era privado, pero compartido
por muchas personas (algunas personas sí eran públicas; otras, un tanto
privadas). Ironías de la vida fue que no entrara nadie, salvo aquella persona
cuya anatomía sintió alguna vez sobre su espalda. Me río, no miro atrás y entro
rápidamente al cubículo a evacuar. Mientras siento el ruido típico tras apretar
el botón, miro mi reflejo en la bisagra. Realidad deformada. Realidad deformada
deformada? Si se deforma lo ya deformado, se deforma más? Hay grados de
deformabilidad? Pienso esto mientras me lavo las manos y suspiro tras pispiar
las agujitas de mi muñeca, ese pulso ajeno que mantiene vivo, o mejor dicho,
que existe mientras uno existe. Cuando uno ya no es uno, las agujitas no tienen
nada que señalar. Cuando uno deja de existir se violan las reglas que rigen en
esos 360 grados. Lo sexagesimal se vuelve infinito. Y aunque lo infinito es de
alguna manera circular, no es lo mismo. Claro que no. Ya nada cuenta, ya nada
pasa, ya nada importa. Ya no se está nunca tarde…ni temprano. No se está porque
no se es.

aborto de pensamientos/abortion of thoughts is licensed under a Creative Commons Atribución-No Comercial-Sin Obras Derivadas 2.5 Argentina License.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada