La luz es calor, es sabido. Podría hacer algunas
cursis metáforas con esto, pero la verdad es que no viene al caso porque no
tendría sentido ya que debe haber una razón para ser. Y la única razón por la
cual hablo de la luz es porque tengo una lámpara al lado achicharrándome la
oreja derecha, mientras miro al vacío en un cuarto con paredes demasiado
inmaculadas para mi gusto y comodidad…quizás es uno de los polos, dijera Ale
(por suerte no lo es, y no hay tampoco pájaros blancos deambulando).
Hay personas que dejan surcos en nuestra historia y
que cuando dedicamos un momento a recorrerlos y recolectar viejos recuerdos,
caemos en la cuenta de que entendemos cuestiones que antes no lo habíamos
hecho. Como cuando uno retoma un libro años después, en otra época de su vida,
y descubre que las palabras cobran otro significado antes oculto al entender.
Los surcos son como libros, lugares de paseo y fuentes de conocimiento, si se
los sabe abordar.
A qué voy con esto exactamente, no lo sé, pero es
cierto que cada tanto en nuestras vidas nos topamos con alumbramientos que de
ahí en más serán un paradigma desde el cual afrontar el mundo.



0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada