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lunes, 9 de enero de 2012


Cuando uno camina sin cumplir una rutina, es decir, por gusto de caminar, por necesidad de darle un respiro a la mente, y para liberarse de la asfixia que genera el tedio, nota cosas que son invisibles al ojo diario de la monotonía de lunes a viernes. Claro, no hay prisa por llegar a ningún lado, ya que se camina sin rumbo, dirigiendo los pasos aleatoriamente. Entonces mirás a tu derecha y ves una antigua puerta de madera, de ésas altas, de ésas que te gustan. Notás que los vidrios del lugar están rotos, que está todo oscuro y que incluso se ha juntado basura en el umbral como resultado de los vientos. Todo da a entender que es un lugar abandonado y viniéndose abajo. Y de pronto, al volver la mirada a esa puerta, un recuerdo viene a tu mente. Pasás todos los días por ahí, pero la rutina anula ciertos recuerdos y por ende se cancelan algunas posibles reflexiones. Pero ahora paseando es distinto. Entonces pensás que ése era el lugar al que ella quería ir para aprender a bailar tango y recordás que cada vez que pasaban por esa calle, al frente de esa fachada, discutían por esa misma razón. Luego vienen a tu mente las veces que te torturaba diciendo que se inscribiría y de pronto sentís un poco de asfixia de nuevo, por ende cambiás de tema. No hay nada peor que amargarse por uno mismo. Mirás de perfil a la catedral, que no te recuerda a nada, o quizás sí, pero todo insignificante. Y volvés a respirar, sentís la brisa fresca en tu cara, cruzás la calle y seleccionás adoquines por los cuales caminar a la par que pesa en vos la soledad.

2 comentarios:

  1. "Notás que los vidrios del lugar están rotos, que está todo oscuro y que incluso se ha juntado basura en el umbral como resultado de los vientos."

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  2. es lindo caminar sin rumbo y sin apuro

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