Cuando uno camina sin cumplir una rutina, es decir,
por gusto de caminar, por necesidad de darle un respiro a la mente, y para
liberarse de la asfixia que genera el tedio, nota cosas que son invisibles al
ojo diario de la monotonía de lunes a viernes. Claro, no hay prisa por llegar a
ningún lado, ya que se camina sin rumbo, dirigiendo los pasos aleatoriamente.
Entonces mirás a tu derecha y ves una antigua puerta de madera, de ésas altas,
de ésas que te gustan. Notás que los vidrios del lugar están rotos, que está
todo oscuro y que incluso se ha juntado basura en el umbral como resultado de
los vientos. Todo da a entender que es un lugar abandonado y viniéndose abajo.
Y de pronto, al volver la mirada a esa puerta, un recuerdo viene a tu mente.
Pasás todos los días por ahí, pero la rutina anula ciertos recuerdos y por ende
se cancelan algunas posibles reflexiones. Pero ahora paseando es distinto.
Entonces pensás que ése era el lugar al que ella quería ir para aprender a
bailar tango y recordás que cada vez que pasaban por esa calle, al frente de
esa fachada, discutían por esa misma razón. Luego vienen a tu mente las veces
que te torturaba diciendo que se inscribiría y de pronto sentís un poco de
asfixia de nuevo, por ende cambiás de tema. No hay nada peor que amargarse por
uno mismo. Mirás de perfil a la catedral, que no te recuerda a nada, o quizás
sí, pero todo insignificante. Y volvés a respirar, sentís la brisa fresca en tu
cara, cruzás la calle y seleccionás adoquines por los cuales caminar a la par
que pesa en vos la soledad.
Sunday Secrets
Hace 12 horas



"Notás que los vidrios del lugar están rotos, que está todo oscuro y que incluso se ha juntado basura en el umbral como resultado de los vientos."
ResponderSuprimires lindo caminar sin rumbo y sin apuro
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