El calor me trajo hoy mirando hacia abajo,
esquivando el sol, mirando el camino, evitando contacto visual para evitar
conversaciones indeseadas. Sólo levanto la vista y me saco los lentes cuando
piso la alfombra azul de entrada, a veces también me saco el metal de los
oídos. Pero hoy no fue el día. Levanté la vista y te volví a cruzar como tantos
mediodías atrás. Ni vos ni yo miramos, sólo te abrí la puerta. Las horas
pasaron, más lento de lo que hubiera querido, y te crucé también cuando me iba.
Me esperaste por segunda o tercera vez justo a tiempo. Tan perfectamente sutil
que ni me percaté, tan perfectamente espontaneo que me sorprendí. Finalmente nos
dignamos a sostener la mirada y me regalaste esa media sonrisa (estoy segura de
que yo automáticamente miré hacia abajo). Te abrí la puerta una vez más, y me
sonreí internamente porque comienzo a gustar de tu forzada dependencia. En este
punto me pregunto cuántas puertas más tengo que abrirte para que haya más
líneas en el diálogo, nos invitemos a compartir el almuerzo o, por qué no, me ofrezcas
alcanzarme con tu auto. Entonces me pregunto si vamos a seguir esperando que
nos presenten. Y me regocijo en saber que la diferencia es que esta vez sé tu
nombre, aunque prefiera olvidarlo, y que no soy yo la de los perfectos timings. Y vos…vos por lo pronto me seguís mirando
con picardía a través de esos lentes.
Insensible
Hace 10 horas



Buenísimo!!
ResponderSuprimirA ver cuando se corta el suspenso...
Besos Lau :)
Manatee
¿Cuántas puertas más Lau?
ResponderSuprimirMT: otra vez con paja de logguearse ud =P
ResponderSuprimirno la culpo..
che, al final no hay leonas en rosario. las veo aca en Cba (mas barato jaja)
veremos que pasa con el suspenso (a veces es mejor que quede)
besote!
PAO:
esperemos que no muchas jeje
y si le decis: hola? con eso alcanza para empezar una conversacion...
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