La rutina había sido larga y agotadora, pero
afortunada y finalmente pudo depositar su cuerpo en la cama. Era tarde ya, de
madrugada; el viento soplaba casi sin fuerzas, sólo movía un poco el calor del
ambiente, pero el ventilador hacía amena la permanencia en ese cuarto. El
silencio crepuscular no era muy interrumpido, salvo por ruidos lejanos de
tránsito. Terminó de acomodarse boca abajo y largó un suspiro, de esos que se
dan cuando finaliza el día a modo de punto final. Fue cuando intentaba poner su
mente en blanco, para entregarse al mundo de los sueños, que observó la pared
que tenía en frente. Rayas de luz que se filtraban por la persiana. La luz
provenía de hogares del exterior, eso no importaba. Pero le pareció un efecto
sensual, le daban ganas de tocarla, como si fuera algo tangible. Maravilloso.
Como pensamiento efecto le surgieron fervientes ganas de tenerla a ella en su
cama, ahí justo a su lado. Se imaginaba mirándola detenidamente, con sus verdes
ojos bien atónitamente abiertos. Esos rayos iluminarían su perfil, sus labios
carnosos, sus pechos, su vientre, sus piernas. Él seguiría con sus yemas el
camino de luz y así podría sentir a ambas.
Sunday Secrets
Hace 10 horas



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