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lunes 2 de enero de 2012


La verdad es que cambié de idea mil veces con respecto a hacer o no un balance anual de este 2011, así como también cambié de idea varias veces con respecto a muchas cuestiones en mi vida. Sé que éste no va a ser un balance muy honesto, no porque vaya a mentir, sino porque sí voy a ocultar. Años anteriores presté atención a muchos detalles, a muchos decires, a muchos silencios, en fin, a muchas cosas (o incluso podría decirse, a cada cosa). Pero este año no, este año me dediqué a blanquear (borrar) más aún mi mente y a enfatizar lo fugaz e intrascendente de casi todo/s. Este año me costó mucho encontrarle sentido a las cosas. Este año me costó mucho prestarle importancia a las cosas, a las personas, a los hechos.

El año empezó bastante bien, con uno de los tantos viajes que hice. Empecé el 2011 con el único de los 3 viajes a BA que tenía planeados. Fue una linda estadía, con varias caras y varias actividades. Pero extrañé y sigo extrañando. Y las otras visitas a Capital por una razón u otra tuvieron que ser canceladas.

Pasaron bastantes personas por mis días durante los primeros meses, de esas personas que pasan, te dejan algún que otro recuerdo y se van (o las vas). Sólo una persona, que se cruzó en mi vida en un temprano 2011, se quedó, sigue en mis días y es alguien a quien aprendí a querer bastante.

Un año que me enseñó lo que es el miedo a la muerte. No propia, sino ajena, de esas personas que querés o aprecias bastante. A raíz de esto, revolví el pasado sin quererlo. Shitty por un lado, enriquecedor por otro. Supongo. Y supongo también que todo esto explicá por qué fue un año en el que volví bastante a mi familia (con altibajos incluidos).

Salpiqué el año con varios viajes, acá y allá. Algunos viajes fueron sola, otros con compañía. Todos fueron bastante introspectivos y momentos amenos. Y todos fueron para escapar de algo. Me escapo de muchas cosas últimamente.

Este año como propuesta de cambio me llené de cosas para hacer y de paso procrastinar con las cuestiones que realmente eran (son) prioridad. Hice cursos, talleres, asistí a seminarios y una tonelada de giladas por el estilo. Aprendí mucho, en especial lo experta que soy en hacerme la boluda con mis responsabilidades.

Fue un año en el que formé otra vez un grupo de amigos, a pesar de lo muy en contra que siempre estuve de los grupos. Grupo lindo, grupo divertido, pero grupo. Valoro más que nada la relación individual que tengo con dos o tres de ellos.

Este año, por experiencia propia y ajena, caí en cuenta de lo mucho que cuesta compartir, comprometerse, tomar decisiones y planear cuando se es tan consciente del interior de uno y del entorno. Cuando se es tan consciente del ser. El errar es humano, pero el sufrir también.

La segunda mitad del año trajo nuevos y viejos bajones. Valle y cresta constantes fueron mis días. Caminé la rutina empapada en nihilismo; en falta de ganas, en relevancia y en inconstancia. Pero sobre todo, en falta de sentido.

Hice muchos planes y me propuse objetivos que cumplí a medias. Sí, por falta de ganas y voluntad, como todo en mi vida. Experimenté extremos altibajos en donde los bajos terminaron ganando. Me hundí en boludeces. Volví a las películas, a los libros…a tratar de encontrar la dimensión paralela (la cama siempre gana). Me junté mucho, salí bastante, traté de estar poco tiempo conmigo misma. Recién ahora volví al encierro y a la reclusión, por hartazgo nomás.

Justo en semanas en las que las sonrisas no sobraban y la atmósfera ya asfixiaba lo suficiente, la vida decidió que el pasado me pasara a menos de un metro y que ni me mirara a los ojos a pesar de haberme reconocido desde lejos. Golpe bajo que pegó más de lo que me hubiera gustado. Y otra vez odié, y otra vez extrañé y otra vez me arrepentí y otra vez dudé.

Y acá estoy, cagándome de calor de nuevo en un diciembre, mes que odio. Con la intolerancia y el cansancio a flor de piel. Con una insensibilidad que juega a superar al desgano. A veces sólo sonrío y hablo boludeces para tener que dar menos explicaciones, pero cada vez lo hago menos (las tres cosas incluidas).

Cierro el año sin saber lo que quiero. O mejor dicho, sin saber qué alternativa es la mejor cuando lo que uno quiere no se puede.

Diría que espero que el año entrante sea mejor, pero la verdad es que no sé si me importa. Lo más probable es que el 2012 me encuentre masticando prozac o mudándome al monte (o ambas cosas).


 -Soy un cobarde, no puedo soportar el sufrimiento de ser feliz. Cioran-

2 comentarios:

  1. Lau, por favor, media pila!!! Pensá qué querés, o qué no querés, hacé cosas para acercarte a lo primero y alejarte de lo segundo. Seguro todo no te da lo mismo, vos sabés bien cómo ser más feliz... o estar más contenta. Huevos, mija! Fuerza! La vida es una y PASA.
    Te quiero, zapallita, aunque hablemos poquito últimamente, siempre te tengo presente (ups, rima espantosa sin querer).
    Besoooo!!!!!

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  2. maaaag jaja
    me mato lo de "zapallita"...hasta tus apodos son veganos, che =P

    si, venimos hablando re poco y dejamos una charla a la mitad, pero ya la retomaremos.

    btw, tanto tiempo ud sin pasar por aca, welcome back =)

    te quiero, feliz año para vos y tu flia!
    besote!

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