“What is it about?
That someone's belief in virtue is more important than virtue itself? Could it be about how rational thought destroys your soul? Could it be about
the triumph of irrationality and the power that's in that? You know, we spend a
lot of time trying to organize the
world. We build clocks and calendars and we try and predict the weather. But
what part of our life is truly under our control? What if we choose to exist
purely in a reality of our own making? Does that render us insane? And if it
does, isn't that better than a life of despair?”
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No quiero caer en el subjetivo y debatible cliché de lo correcto e incorrecto
o de lo bueno y lo malo porque no va a conducir a ningún lado. Sí voy a decir
que muchas veces camino en la frontera entre el repetir errores y el intentar
algo diferente. Una de las frases que he repetido bastante este último tiempo
es que si se quieren resultados diferentes, hay que hacer cosas diferentes. Puede
sonar a filosofía barata de best-sellers de autoayuda, pero la verdad es que es
un lineamiento científico básico. También es cierto que nada fructífero saldrá
de repetir algo sin implementarlo. Cuando las cosas no están yendo bien, uno es
más consciente de sus actos, por ende podría decirse que, más que
espontaneidad, hay planeamiento. Sin embargo, cuando el júbilo está vigente, uno
suele caer en el egoísta modo autómata que es preferible evitar.
Hoy, por cosas de la vida, fue ejemplo de este segundo caso. Lo curioso
es que luego de actuar y, consecuentemente, seguir en mi nube de pedo, sentí un
algo dando vueltas por mi interior. Consciencia? Razón? Alerta de posible
repetición de un error. En criollo quizás dirían que recapacité. Prefiero decir
que me demostré que puedo con algunos cambios, que en cierto modo, crecí (un
poco).
Cuando vivimos en sociedad y cuando establecemos lazos afectivos, el
concepto de libertad no es más que una utopía inalcanzable.
A veces el silencio es necesario.
A veces el silencio es necesario.


