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viernes, 1 de agosto de 2014

Soy de la idea de que todos somos, en algún momento, transición en la vida de alguien. Hubo personas que fueron transición en mi vida, así como yo fui transición en la vida de otras. Podría decir que casi desde el primerísimo momento supe que sería transición en tu vida. Se caía de maduro, si no terminaste un ciclo, que comenzaste otro. Aún así, me jugué a dejarlo todo, porque así de estúpido es el amor, que se agarra con uñas y dientes a la menor esperanza. Pero el plano real casi nunca coincide con el ideal.

Fuiste la antítesis de lo que siempre me llamó la atención, y quizás por eso me atrapaste, porque en el momento en que cruzamos camino yo estaba en épocas de cambios y con toda la voluntad de aplicar enseñanzas que la vida me había dejado no muy antes atrás.

En ese momento que te tuve a centímetros de mi cara, después de tanto tiempo sin tenerte cerca, la revolución que había en mi ser, entre bronca, dolor e impotencia, tanto por ese mismo momento como por todo lo que venía acumulándose en mí, dejó al descubierto lo que tanto me negué a reconocer... es la segunda vez en mi vida que alguien me hace sentir tantas cosas, que me deja en un estado calamitoso de casi no poder controlarme ni pensar, que te tiembla todo y sentís que te derrumbás. Y sólo yo sé el significado de semejante verdad. Sólo yo sé lo que representa en mi vida tal sentimiento.

Tantas cosas que fueron innecesarias en este tiempo, tanto que lamento, tanto que quisiera borrar. Me pongo entonces en crédula y elijo pensar que todo pasa por algo. Yo debía pagar por deudas kármicas (todo vuelve), y vos debías aprender para transicionar.

Parte de mi bronca radica en que en cierta forma no avanzás, volvés siempre al mismo lugar. Volviste al principio, del que quizás yo jamás debería haber participado, del que quizás yo jamás debería haberte incentivado para que salieras. Estás tan cómoda en tu zona de confort, que la idea del cambio es terrible, por más beneficioso que pueda ser. Los indicios eran claros, pero no hay peor ciego que el que no quiere ver, y yo no quería verlo.

Se me acaba de ocurrir que cuando uno se empecina a aferrarse a ideas propias que poco concuerdan con la realidad, se vive en una especie de burbuja, ajeno a todo. Estos dos años fueron una especie de burbuja. Se me manifiesta como haber estado atascada en la vida, es como si mentalmente siguiera teniendo 27 años, como si en cierta forma nada hubiera pasado, porque el mundo avanzó, pero yo no le seguí el ritmo...me quede ahí parada, esperando, mirando la vida pasar. Siempre esperando. Vueltas en círculos...

Quedaron muchas cosas por decirte (palabras, frases que arden en mi garganta), por contarte, por compartir con vos, pero a veces llega un momento en el que hay que sincerarse consigo misma y aceptar la improductividad de las cosas. No se puede amar a quien se resiste a ser amado, no se puede ayudar a quien no quiere ser ayudado, no se puede esperar cambio de quien está muy cómodo en su lugar, no se puede convencer a quien se niega a creer, no se puede mostrar algo a quien tiene los ojos cerrados, no se puede hablar con quien no escucha..., y, por sobre todo, no se puede ir a ningún lado de la mano con quien camina para diferente dirección.

Sólo yo sé lo que sentí y siento por vos. Sólo yo sé lo mucho que te lloré y te lloro. Sólo yo sé cuánto me dolió esta historia. Sólo yo sé lo sola que me sentí y me siento. Sólo yo sé lo que perdí y lo que gané. Y conmigo morirá, porque por más que te lo cuente e ilustre, no vas a salir de tus ideas y creencias...de tu zona de confort.

Di todo hasta no poder dar más (no doy más). Me disculpo sinceramente por no haber sido lo que necesitabas. Cuando por más que uno dé, las cosas no funcionan, se resigna, no hay más que dejar ir...

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